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Cosas Dulces De La Vida del autor Anette Jhonson

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Querida Victoria: Hoy necesito más. Mi alma no puede permanecer enjaulada, soy un espíritu libre que necesita aventuras. No quiero arrastrar conmigo tu eterno dolor por mis correrías, bien tú conoces mi carácter, y aunque te hagas la zonza sé que sufres por mi desamor. Los rumores que vienes oyendo hace un tiempo son ciertos, y aunque te vendaste los ojos y te negaste a ahondar en el tema, se que en tu interior conocías la verdad. Nací para ser libre, y no sé qué sucedió, para que en un loco momento pudiera pensar que te correspondería para siempre; creo que no pensé con mi cabeza ni con mi corazón, sino con otra parte de mi anatomía, pues te deseaba tanto... Acepta mi perdón, y no busques más explicaciones, bien sabes que no las hay. Dentro mío siempre te querré, pero no de la forma que necesitas. Cuídate, mi Victoria… Fabio. La carta resbaló de su mano y fue a parar hasta el suelo. Su mirada se perdió en el vacío, su mente tratando aun de comprender la lectura. Dentro del pequeño camarín del teatro reinaba el silencio, que solo era interrumpido por ecos lejanos de aplausos. En un arrebato de furia, barrió con su brazo el pequeño tocador. La gran cantidad de frascos de maquillaje y perfumes que allí había cayeron al suelo con un ruido estrepitoso, manchando la madera de diferentes colores. La mezcla de aromas inundó el pequeño espacio, y por un momento la hizo sentir mareada. Se apoyó contra el respaldo de la silla, e inspiró profundamente. Clavó su mirada en el espejo, y no se reconoció.

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Cosas de la vida del autor Anette Jhonson

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-¡Estás despedida! -Aquellas palabras resonaban en su cabeza una y otra vez. "Despedida", pensó enfurecida. No había llorado, ni suplicado, ni pedido una explicación. Todo estaba demasiado claro, aquella zorra no se había conformado con quitarle el puesto, sino que también había conseguido que la echaran. Todavía podía sentir la rabia bullendo dentro de ella, cada vez que lo pensaba... cerró los ojos, respiró hondo y trató de relajarse. Si hubiera podido enfrentar a aquella víbora, le habría arrancado todos los pelos de su esplendorosa y bien peinada cabellera. Pero había sido muy lista y no se había dejado ver. Sí, lista... demasiado lista y ella una tonta por no haberse dado cuenta de lo que estaba pasando delante de sus narices.

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